La semana iba paseando a paso ligero, pero como es habitual, me entretuve. Al lado de una valla, vi un par de cosas que me llamaron la atención. Primero, me fijé en un ciervo de cerámica con las patas rotas. Se le notaban las costillas. Estaba encima de una repisa al lado de las vías del tren. En el suelo, un jarrón con flores, roto, tirado al lado del árbol. Les hice una foto, y otra, y otra, ahora junto, ahora separado, ahora desde otro punto de vista. Me parecían que estaban fuera de su mundo. Fuera del lugar que les tocaba.
Desde los coches parados en el semáforo en rojo, seguramente los conductores me observaban. "Hoy en día hay gente para todo" pensaría el del Ford Focus blanco del 2018. En cambio, el del Seat Altea gris se preguntaba qué demonios estaría fotografiando esa chica. El semáforo cambió a verde y continuaron su camino, así que el asunto se dio por zanjado y no le dieron más vueltas. Sin embargo, el ciervo y las flores seguían fuera de su sitio original.
Volví al cabo de unos días, pero ya no estaban en el sitio al que ya me parecía que pertencían fuera de lugar. Tal vez, un barrendero se las habría llevado. Tal vez, un restaurador profesional los habría visto con gran potencial y se lo habría llevado a su taller. O mejor, tal vez su dueño que se había cabreado con la decoración de su casa, habría vuelto arrepentido corriendo entre sollozos queriendo volver a su decoración inicial y con absoluto remordimientos de haber caído en tendencias suecas.
A pesar de todas estas estúpidas ocurrencias que por mi mente habían pasado, la verdad es que lo único a lo que doy vueltas continuamente es cómo el ciervo y el jarrón estaban totalmente fuera de lugar. Igual que aquellos lugares fuera de sitio de los que habla Sergio del Molino. Los define como extraños, marginales e incluso insignificantes, pero realmente en su diminutez, es enorme la magnificiencia que transmiten. Ceuta, por ejemplo, ¡Qué lugar! Tan pequeño pero tan fuerte de significado. Tan grande en cuanto a lo qué sucede en esos 18 kilómetros y medio. Simple ejercicio, pon Ceuta en el Google. Cerca de 53 millones de resultados, noticias actualizadas cada minuto.
Lo que está fuera de lugar es admirable. Lo es a a la fuerza. Necesita tener un empujón. Todo lo que está fuera de lugar, me he dado cuenta, recibe mi admiración. Soy absolutamente tolerante a lo que está y aquellos que están fuera de lugar. Porque, o por un lado, han sido valientes para salir de su origen, o lo tienen que ser para mantenerse fuera de sus límites establecidos por algun tipo de patrón, orden o estereotipo.
Siento que mi tolerancia es para aquél que rompe con el estereotipo, con el patrón original, con aquello que se espera de él. Y que en el fondo, quiere ser distintos porque lo necesitan, porque les sale del alma ser así. Son valientes, sobretodo. Salen de la zona confort diariamente y les importa (aparantemente) más bien poco el qué diran porque confían en que algo bueno está por venir y que lo que defienden es totalmente justo.
Hoy he vuelto a pasar por el mismo sitio. El ciervo seguía sin estar. Las flores tampoco. Ahora había dos hombres con uniforme poniendo vallas. En la otra esquina, otros dos hombres con una grúa se llevaban un coche. En cada farola, un cartel: "Obras hasta julio de 2022". El lugar al que ya pertenecían el jarrón y el ciervo ya será otro.
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