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Abejas, moscas y otro tipo de insectos de terraza y ascensor

El cambio de tiempo y la primavera han llegado. Aparecen los primeros insectos por mi terraza, las flores estan más hermosas que nunca y las plantas están más verdes que todo el año. 

Justo hace unos minutos, cuando estaba enciendendo el ordenador, y sentándome, he saltado de un bote. Ha aparecido una abeja revoloteando a mi alrededor, pero no una cualquiera. He intentado hacerle una foto pero la escena era absolutamente rídicula. Intentando que no revoloteara a mi alrededor, me he puesto a chillar en una esquina de la terraza. Insisto, no era una abeja cualquiera. Era más grande de lo normal, hacía mucho ruido y era negra y azul. Me ha recordado cuando en las películas americanas están buscando un delincuente por los edificios de Nueva York y el helicoptéro va buscando con una luz por todas las terrazas y finalmente, lo encuentran, lo detienen y la película se acaba con los (supuestamente) buenos llevándose a los (supuestamente) malos a comisaría.

Tal vez esa misma abeja era uno de los chicos que, ayer noche, cenaban en la mesa de al lado en el restaurante al que fui e inocentemente compartían una cena de viernes hablando de temas absolutamente banales. Marcos, uno de ellos, se sentía más triste, tal vez más decepcionado con su vida, que el resto de chicos con los que compartía mesa. Tiene pesadillas que lo atormentan cada noche, un trabajo totalmente decepcionante, un jefe estúpido y una novia mediocre y aburrida. En el medio de la cena, sintió unas molestias en el vientre, pero bien, tal vez no sería nada más que el sushi que había comido al mediodía, que llevaba días de más en la nevera. Marcos llegó a casa, se tumbó y su mundo empezó a tambalearse. Lo relacionó con la copa de más que se había tomado. Consiguió dormirse. Esta misma mañana, se ha levantado con una resaca considerable y ha decidido irse a tomar un café con un croissant al bar de abajo. Con el mismo impulso habitual para andar y bajar las escaleras, ha cambiado el recorrido, ha salido por la ventana y se ha ido volando. Ha venido hasta mi terraza atraído por el olor a polen, tan dulce como el croissant que se quería comer. Ha dado una vuelta, ha olido cuatro flores y se ha ido volando haciendo el mismo ruido apabullante con el que había llegado. Marcos no sabe quién es Gregorio Samsa, ni lo sabe ni tampoco le interesa. Marcos ha vuelto a su casa, siendo casi aquella cucaracha en la que se había convertido Samsa en una mal noche de descanso. 

Marcos se ha vuelto a despertar en su cama. Justo acaba de tener una de sus pesadillas recurrentes: convertirse en insecto. El jueves tiene terapia, así que se lo volverá a contar al psicólogo que le repetirá de nuevo los consejos habituales: no bebas alcohol antes de dormir, no mires pantallas, toma una infusión y lee algo. Marcos le dirá que los pondrá práctica siendo consciente que es mentira y que se tomará una copita de vino mientras revisa todas las redes sociales en la cama antes de intentar dormir. Al marcharse de la consulta, entrará al ascensor maldiciendo que la salud mental no esté cubierta como hace falta por la Seguridad Social y que lleve tanto dinero invertido en un psicólogo que vende libros, humo y consejos de influencer. Se mirará al espejo del ascensor y verá una mosca, grande, fea, con alas inmensas, la mirará fijamente y con un manotazo, la matará. Abrirá la mano a la altura de los ojos y sin dejarla de observar dirá "Ya eres mía, cabrona". Llegará a la planta baja y verá una abuelita con el carro de la compra esperando el ascensor. Antes de que se abran las puertas, tirará el insecto al suelo y se convertirá en un chico muy agradable y educado. Se abrirá la puerta y dirá con un tono apacible: "Buenos días.¿La ayudo a subir la compra?"

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